Foto 1. Bruno Barros, ensayador de la marcha, arenga a los marchantes al final de uno de los ensayos. Entre finales de marzo y comienzos del mes de junio los participantes en la marcha acuden cada noche, después de salir del trabajo, a las instalaciones del Grupo Desportivo da Mouraria para ensayar. La coreografía se va construyendo poco a poco, a base de repetir una y otra vez los pasos (marcações) en ensayos que se prolongan hasta la media noche. Para evitar que otras marchas puedan copiar la coreografía, los ensayos se realizan a puerta cerrada.
Foto 2. André Sousa, uno de los marchantes más veteranos, observa como Rita, Erica y Nicole repiten uno de los pasos de la coreografía durante el receso. La continuidad de esta práctica cultural depende de la capacidad de la marcha para atraer a los jóvenes del barrio. El “bicho” de marchar, como se refieren algunos marchantes a la inquietud de desfilar por la Mouraria, se transmite dentro del núcleo familiar y no es raro encontrarse con varias generaciones de una misma familia participando en la marcha.
Foto 3. Fundado en 1936, el Grupo Desportivo da Mouraria es la asociación más antigua del barrio y la encargada de organizar la marcha. Con un cuerpo de socios menguante y con un barrio en profunda transformación, instituciones de este tipo se encuentran en una posición de especial fragilidad para afrontar los desafíos de una ciudad vocacionada al turismo. En la imagen, el campo de futbol de la colectividad donde se realizan los ensayos.
Foto 4. A pesar del esfuerzo colectivo para que nada falle en debut de la marcha, el azar a veces se interpone en el camino. A pocas horas del desfile, uno de los marchantes clave en la arquitectura de la marcha se golpeó de forma accidental el tobillo y apenas podía posar el pie en el suelo, siendo duda para el desfile. “¡Siempre nos tiene que pasar algo!”, fue la reacción de desconsuelo de uno de los dirigentes de la colectividad al enterarse del percance. En la imagen, André Filipe Pereira recibe los cuidados de sus compañeros.
Foto 5. Los salones del antiguo Palacio de los Távora, sede actual del Grupo Desportivo da Mouraria, son un hervidero de actividad los días del desfile. Los nervios se mezclan con la agitación propia de las grandes ocasiones. Maquilladoras, peluqueros y costureras preparan a los marchantes en las horas previas al desfile, mientras los operarios dan los últimos retoques a los arcos y al resto de elementos de la escenografía. En la imagen, los marchantes contemplan el desfile del año pasado en la televisión del salón de juegos de la colectividad.
Foto 6. Últimos ajustes del vestuario antes de partir hacia el desfile en la Avenida de la Libertad. Las marchantes aseguran los zapatos al pie con cinta adhesiva para evitar que se salgan durante el desfile.
Foto 7. La sede del Grupo Desportivo de la Mouraria se encuentra en la parte alta de la Mouraria, y el descenso por las calles del barrio hasta el punto donde les espera el autobús que les llevará al desfile es uno de los momentos más emotivos del día. Los vecinos salen a la calle a despedir a los marchantes y se confunden con los cada vez más numerosos turistas y visitantes que acuden al barrio a celebrar los Santos Populares.
Foto 8. Las marchas populares no se pueden entender fuera del contexto general de los festejos de los Santos Populares que durante el mes de junio transforman las calles y plazas de los barrios tradicionales de Lisboa en espacios festivos. En la imagen, Ana Raquel hace cola en uno de los puestos de comida instalados en el arraial de la Mouraria después del desfile en el pabellón MEO Arena.
Foto 9. La marcha es un proyecto colectivo que depende de la suma de esfuerzos individuales. Por eso, la creación de un sentido de unión y compañerismo entre los marchantes es fundamental para el éxito de la presentación pública de la coreografía.
Foto 10. Momento de recogimiento antes del debut de la marcha en el pabellón MEO Arena. El diseño y construcción de los arcos y de los otros elementos de la escenografía es obra de artesanos que se dedican semi-profesionalmente a ello. Los arcos incluyen elementos que aluden directamente a las señas de identidad del barrio, como es el caso de la identificación de la Mouraria con el fado, representado aquí a través de la figura de la guitarra portuguesa.
Foto 11. Bajo el lema “filigrana y azulejo”, el tema de la marcha de la Mouraria de 2017 intentó huir del tópico del fado y de los colores rojo, blanco y negro con los que tradicionalmente desfila. Al igual que sucede con la coreografía, el diseño de los trajes, los arcos y la “sorpresa” (como se denomina al elemento central de la escenografía) se mantienen en el más absoluto secreto hasta el mismo día del desfile.
Foto 12. En el autobús de regreso al barrio después de la presentación en el pabellón MEO Arena. Los marchantes acusan el cansancio y la tensión acumulada durante las horas previas al desfile.
Foto 13. Yara Dias momentos antes de su primer desfile en la Avenida de la Libertad. Yara es la última de una saga familiar de reputados marchantes en incorporarse a la marcha de la Mouraria como marchante.
Foto 14. El desfile por la Avenida de la Libertad es el momento culminante de las marchas populares y pone punto y final a varios meses de ensayos y preparativos. Junto con los padrinos y las mascotas, una de las posiciones más prestigiosas dentro de la estructura de la marcha es la de portar la bandera de la colectividad, función que este año recayó en Dalia Fernandes, una marchante muy querida en el barrio.
Foto 15. Ensayadores, marchantes y miembros de la comisión organizadora pasan la noche del 12 al 13 de junio en vela esperando la clasificación final de la competición. Tanto la respuesta del público como las sensaciones tras los dos desfiles auguraban que este año la marcha recibiría una buena clasificación. El décimo lugar “ex aequo” obtenido cayó como un jarro de agua fría en el barrio.